Ricardo Álvarez, un fichaje muy complicado

Ricky Alvarez
Ricardo Álvarez, el medio punta argentino que ha deslumbrado en el último Torneo Clausura, es a día de hoy un fichaje muy complicado. Más allá de que su club, el Vélez Sarsfield (campeón de este certamen), pueda tener sobre la mesa otras opciones, el Málaga todavía está muy lejos de las exigencias económicas y, sobre todo, debate internamente si realmente merece la pena invertir las cifras que se manejan estos días.

«Hasta el martes seguramente no podremos firmar nada, porque los dirigentes del Málaga están fuera hoy y mañana». El presidente de Osasuna, Pachi Izco, avisó a los periodistas navarro el domingo por la tarde de que la redacción de los documentos relacionados con el traspaso de Monreal debía demorarse un par de días. Después todo cambió. El motivo del retraso iba a ser el viaje ese mismo día del consejero consultivo José Carlos Pérez y del director deportivo, Antonio Fernández, a Argentina para negociar la incorporación de Ricardo Álvarez.

En realidad el plan previsto incluía viajar a la una de la madrugada del lunes. Los billetes ya estaban reservados, pero desde el sábado todo estaba pendiente de que el Vélez Sarsfield accediera a mantener la cita. Los dos responsables malaguistas, sumidos en un sinfín de gestiones, pudieron disfrutar del fin de semana con sus familias -en especial Fernández, porque su mujer y su hija residen todavía en Madrid y se desplazaron a la Costa del Sol-, pero muy pendientes del teléfono. Al final se pospuso.

El interés por Ricardo Álvarez viene de lejos. SUR lo adelantó hace exactamente tres semanas. Durante este periodo el Málaga ha avanzado poco a poco hasta su última oferta, de poco más de cinco millones de euros. En concreto, la cifra puesta encima de la mesa por Fernández es de 7,5 millones de dólares. Obviamente, la respuesta del Vélez Sarsfield fue negativa.

El descarte de Lucho

Paralelamente, el Málaga optó por enfriar las negociaciones con Lucho González. Este extremo fue apuntado por este periódico hace casi dos semanas, ya que la opción quedaba descartada. Y así ha sido, porque su nombre ha desaparecido de la escena completamente. Su edad, próxima a los 31 años, y las elevadas pretensiones de su club, el Olympique de Marsella, dieron al traste con la operación.

¿Hasta qué punto influyó el descarte de Lucho González en la agilización de las gestiones con Ricardo Álvarez? No es un secreto que el primero de ellos era una opción planteada por Manuel Pellegrini, pero cuando el chileno supo del estado de las negociaciones se sumó a la tesis de que era mejor descartarla. El técnico malaguista había oído hablar de Ricardo Álvarez y no tardó en pedir informes a varios especialistas en el fútbol argentino y a viejos conocidos. Quería cerciorarse de las virtudes de este medio punta bonaerense de 23 años (cumplidos el 12 de abril). Su respuesta fue inmediata: avaló su llegada.

Más allá de su papel estelar en el éxito de Vélez en el Clausura, se valora mucho que es un futbolista capacitado para actuar en todas las posiciones en la medular, especialmente en las bandas. Porque si bien es zurdo, disimula muy bien sus lógicas carencias con la derecha. Esa verticalidad y esa capacidad para intervenir continuamente en el juego (pese a su 1,88) agradan a Pellegrini.

Competencia

Ahora bien, en el caso de su posible fichaje, no solo influye la importante competencia que tiene el Málaga para hacerse con sus servicios. La presencia del técnico o de Demichelis pueden ser argumentos de peso a la hora de convencer al jugador. No obstante, el problema esbásicamente económico: su club quiere doce millones. De euros, no de dólares. Y la diferencia entre una y otra moneda no es precisamente anecdótica.

Y es un problema no tanto por el hecho de que los propietarios puedan no ver del todo la operación -algo descartado, porque Abdullah Ghubn está fascinado por la calidad de este jugador-, sino porque internamente se debate sobre si sería una cantidad muy elevada para invertir en un jugador que ha sido la revelación en Argentina, pero que a fin de cuentas acaba de explotar. Es decir, al que todavía le quedaría afianzarse.