El extraño milagro de Mary-Anne Goossens

Mary Anne Goossens
Lo de la turista holandesa Mary Anne Goossens es un milagro en mayúscula. Sobrevivir 18 días en el interior de una poza de agua, a más de 1.500 metros de altitud y, tras ser rescatada en helicóptero, no presentar en el hospital más que unas mínimas quemaduras o leves rozaduras en los pies, no se puede definir de otra manera.

Sus allegados, además, afirman que lo último que imaginaban de esta mujer de 48 años es que nada más llegar sola a Nerja, a mediados de junio, se pusiese a practicar senderismo. Ella les relató, durante sus primeras horas en la sala de observación del Hospital de Vélez Málaga hasta donde fue conducida por los efectivos de la Guardia Civil, que salió a dar un paseo hacia el interior del río Chíllar, que se encontró desorientada justo cuando empezaba a anochecer y que, en un intento por llegar hasta Frigiliana, cayó a la poza sin posibilidad de salir.

Anteanoche, tres jóvenes montañeros malagueños, la localizaron de manera fortuita cerca del cortijo del Imán, en el término municipal de Nerja y a unos 200 metros del nacimiento del río Chíllar. Daniel Sánchez, Francisco Conde y Pedro Conde alertaron al servicio de emergencias 112, que poco antes de las ocho de la mañana y con unas «magníficas referencias geográficas aportadas por los jóvenes», puso en marcha el dispositivo especial de rescate.

Con centro de coordinación en el acuartelamiento de la Guardia Civil de Nerja y base para la unidad área de socorro en la plaza de las 3 Culturas de Frigiliana, alrededor de medio centenar de personas, entre agentes, efectivos del Consorcio Provincial de Bomberos, voluntarios de Protección Civil y policías de Nerja y Frigiliana, lograron verificar en persona que la mujer estaba en perfecto estado. Sólo unos minutos después de la una de la tarde, la turista que había protagonizado intensas batidas para su localización, era conducida en helicóptero hasta el centro hospitalario de Vélez Málaga.

Pedro Conde, uno de los jóvenes que había dado con su paradero de forma casual, relataba a esa hora en Nerja: «Nosotros empezamos a escuchar una voz pidiendo ayuda y también que estaba silbando. Y así fue cómo la encontramos». Le preguntaron acerca de si tenía alguna lesión, sobre su estado físico y al ver que no tenía ninguna dolencia de gravedad, le proporcionaron un bocadillo y se dispusieron a volver al lugar de acampada para dar la voz de alarma a los servicios de emergencia.

El presidente del Consorcio Provincial de Bomberos, Abdeslam Lucena, subrayó ayer las circunstancias tan extraordinarias de este relato, casi sacado de una novela. «Vamos a dejar que descanse y, cuando ya esté recuperada, queremos conocer cómo se ha podido producir esta situación. Estamos ante un verdadero milagro, con unas circunstancias que están fuera del sentido común. Aunque la mujer se halla en buenas condiciones, debemos subrayar el trabajo de los bomberos y de la Guardia Civil, que han tenido que caminar durante más de tres horas para poder llegar desde las cercanías de la Cueva de Nerja hasta el lugar donde estaba».

La mujer llevaba desaparecida desde el 17 de junio. Al día siguiente de aterrizar en Málaga y de contactar por última vez con sus hijos, ya instalada en un hotel de Nerja, se dispuso a dar un paseo, de entre las múltiples excursiones que había programado para su estancia de diez días en esta zona de la Costa del Sol. Pero desde ahí no se supo más sobre su paradero.

Los familiares pusieron en marcha una campaña informativa al comprobar que durante las jornadas siguientes ni siquiera había hecho uso de su habitación de hotel y ayer, casi tres semanas después de ser vista por última vez en un establecimiento de Frigiliana, la historia concluyó con un final feliz.

El menos imaginado para muchos de los voluntarios y allegados que durante estas semanas han intentado sin éxito volver a encontrarse con ella. Antonio Díaz, que ha coordinado esos rastreos con voluntarios, explicó ayer que este pasado domingo, por ejemplo, casi medio centenar de personas peinaron senderos y montañas. «¿Quién iba a decirnos que estaría en las zonas más altas, pero sin tener ni una mínima fractura?».