Con menos viven mejor


Para ellos, menos es más. Menos consumo se traduce en más libertad, más tiempo para favorecer las relaciones personales y comunitarias, mayor creatividad y mayor autogestión. Forman parte del movimiento conocido como 'decrecimiento', surgido en los años 70 y que se concreta en iniciativas tales como comunidades de trueque, grupos de consumo de alimentos ecológicos, tiendas gratis, huertos urbanos, defensa del transporte público o no contaminante y hasta fabricación propia de productos naturales para la higiene personal y limpieza del hogar. Sus seguidores reniegan de un sistema capitalista que, recuerdan, se ha empeñado en hacernos creer que la felicidad se compra en un gran centro comercial.
En la entrada de la finca que este galés tiene en Totalán, hay dos hornos solares, y dentro de ellos hay dos pequeñas cacerolas con panes casi hechos. Chapman copió el diseño de una ONG que distribuyó miles de ellos en África, porque vieron que en determinadas zonas era difícil hacerse con cualquier tipo de combustible, incluida la leña. En cambio había sol, gratis y a raudales. El horno puede alcanzar los 120 grados y en él se puede cocinar casi cualquier cosa. Eso sí, se necesita mucho más tiempo.
Esta es solo una de las medidas ecológicas aplicadas en la finca. Hay más. Por ejemplo, la elaboración de humus a través de las lombrices, el huerto sobre bancales o la fosa séptica cuyas aguas riegan los naranjos. Aunque, de todas, la más llamativa es la comunidad de trueque que David Chapman puso en macha hace dos años, bajo el nombre de Málaga Común y de la que forman parte más de un centenar de personas de diferentes puntos de la provincia.
El 'común' es su moneda ficticia (no se imprime para evitar falsificaciones) y los miembros ofrecen y demandan servicios que pagan con ella, a través de 'transacciones' que se realizan en la página web. Chapman, por ejemplo, vende los hornos solares a 50 comunes, que vendrían a ser el equivalente a 50 euros; también ofrece trabajos de carpintería, los productos del huerto ecológico y traducciones en inglés y en español. Los miembros de esta comunidad de trueque pueden acumular un negativo de 300 comunes, pero una vez alcanzada esta cifra habrá que revisar y modificar su oferta, habida cuenta de que no tienen demanda. «Con esta moneda no se puede especular. No sirve de nada acumularla, ni tener más que nadie. Lo que interesa es que circule y recibir servicios a cambio», explica. También que en Málaga Común hay pintores, albañiles, electricistas, masajistas, miembros que enseñan a usar el photoshop, videocreación e informática.
Si se pone a hablar del bote de gel, es capaz de llegar hasta los efectos que tiene su uso sobre los bosques de Borneo y las colonias de orangutanes, sin olvidar las guerras del petróleo; los agentes contaminantes de los químicos con los que nos embadurnarnos el cuerpo, las pruebas sobre animales y la contaminación de las aguas. «La alternativa -afirma- es tan sencilla como hacer jabón casero con el aceite usado, algo que ya empiezan a recomendar los dermatólogos». Luna Caparrós, 30 años, historiadora y arqueóloga, y ahora inmersa en un master de agroecología, solo coge el coche cuando es absolutamente imprescindible; apenas come carne o pescado; cuando vive sola no tiene televisión; renueva la ropa que le dan con la máquina de coser y se hace sus propios productos para la higiene personal. En lugar de acondicionador para el pelo usa vinagre de manzana diluido en agua, ha sustituido el desodorante por bicarbonato y en lugar de compresas usa la copa menstrual; una especie de pequeño depósito flexible, de silicona, que se introduce en la vagina, que se vacía cuando se llena de flujo menstrual y cuya vida útil está entre los cinco y los diez años. «Para mí es una especie de obsesión. Me planteo, con cada cosa que hago, si realmente lo necesito y si es la forma más adecuada de hacerlo», dice, aunque añade que el decrecimiento se puede asumir paulatinamente, casi como un experimento: «Tampoco es cuestión de fustigarse ni de volver a la época de las cavernas».
Es el coordinador de Ecologistas en Acción en Málaga capital y el promotor del grupo de consumo ecológico 'La Red', una iniciativa que pone en contacto a los consumidores de agricultura ecológica con los productores, evitando así a los intermediarios y cargándose de un plumazo el brutal encarecimiento que sufren estos productos en el proceso que va desde su recolección hasta su venta. La cita está fijada los martes, a las siete de la tarde, en la sede de CGT en Málaga, aunque antes, el consumidor se ha tenido que dar de alta en el grupo. Galo explica que el 'decrecimiento', en el que también se enmarcan estos grupos de consumo, «se cuestiona el principio básico del capitalismo, que da por hecho que el crecimiento económico es la panacea y que es la única forma posible de generar empleo y felicidad». Añade que el movimiento plantea varias propuestas que considera fundamentales: el reparto del trabajo a través de la reducción de la jornada laboral (si se consume menos, se necesita menos dinero y por tanto se necesitaría trabajar menos, todo en favor del ocio creativo y de las relaciones personales); reducir la economía productiva en favor de una economía basada en las necesidades reales de las personas, y la apuesta por las economías locales en detrimento de las grandes superficies comerciales.
Simona está convencida de que lo que creemos una necesidad irrefrenable de comprar ropa es en realidad una necesidad de cambiar. Con esta idea promovió 'La tienda gratis', un espacio habilitado hace dos años en la Casa Invisible, al que la gente lleva la ropa que ya no se pone, con la posibilidad de coger prendas que a su vez han sido depositadas por otras personas. «Mucha gente trae ropa (algunas llevan puestas incluso las etiquetas) y luego no se llevan porque dicen que tienen los armarios llenos», explica. Seguidora del movimiento, también forma parte de la red de consumo ecológico y lleva a la práctica algunas de las fórmulas de higiene de Luna Caparrós.
Desde que abrió 'La tienda gratis' ella no se ha gastado un euro en ropa. Tampoco paga gasolina, porque la bicicleta va con ella a casi todos los lugares a los que ella va. Leonor Jiménez, documentalista y autora de 'El muro', un documental sobre la situación del pueblo saharaui titulado, está en paro en estos momentos, y afirma que practicar el decrecimiento le baja los niveles de angustia, porque se reducen mucho las supuestas necesidades. También está convencida de que no se puede decrecer en solitario: «Necesariamente tienes que entrar en contacto con la gente y participar en movimientos grupales, algo que produce satisfacción. Consumes de forma crítica y te vuelves autosuficiente y creativo». Dice que el primer paso llega cuando te haces consciente de tu tipo de consumo: «Si ese consumo no te hace sentir bien, posiblemente tu modelo de consumo está fallando. Entonces es bueno preguntarse: ¿Qué estoy consumiendo? ¿Para qué?». Está convencida de que las iniciativas tendentes a un consumo crítico «permiten que las personas sean más dueñas de sus vidas, que tengan más control sobre sus decisiones; permite un mayor empoderamiento» y añade que los miembros del movimiento apuestan por reparar en lugar de tirar, por reducir el consumo y por producir ellos mismos.